Todos los seres vivos tienen alma? Si! Por supuesto! Incluso la lechuga que esta en mi plato. Y bueno, me estoy comiendo el alma de otro ser vivo. Pero la lechuga sabe que vino al mundo con saciar mi necesidad inmensa de comer. En serio! Me lo dijo cuando le limpiaba las hojas.
Cuando tiré el tronquito se despidió de él. Mientras separaba las hojas viejas, entre ellas se tiraban besitos y buenos deseos para la próxima parte del viaje. Hablaban de cómo un jardinero les había contado, cuando eran chiquitas, lo mucho que le gustaba comerlas con sal. El jardinero las cuido y las ayudo a crecer, así cuando llego la hora de separarse de la tierra lo que mas lamentaron fue separarse del jardinero.
Eran muy sabias esas hojas de lechuga. Conocían el procedimiento de masticado y digerido que precedía al lavado. Su frescura reflejaba la felicidad que tenían de ver sus vidas prolongadas al pasar al organismo de otro ser vivo. Si tuviéramos tan claro nuestro fin en el mundo, como la lechuga, seguro seriamos mas felices. O si no nos angustiara tanto pasar a pertenecer a algo mas grande.
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